BERTA CÁCERES: La tierra que nos alberga

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Imagen de la  luchadora social hondureña Berta Cáceres.

Mataron a Berta Cáceres, entre los árboles y piedras del río. Ahí por donde ella solía transitar y defender la naturaleza viva. Asesinaron una dirigente indígena sin compasión, con odio y saña, por hablar que los árboles sienten y los ríos susurran sus tristezas. Ella quien creía que la tierra es de los indígenas porque la aman y la preservan. Por hablar en alto la mataron y voló tan alto hasta las estrellas.

Su muerte nos conmocionó, sucedió el tres de marzo de 2016, a días de conmemorarse la histórica lucha de las mártires de Cotton, Nueva York de 1857. Y cayó como las hojas de los árboles, en su humilde casita de la ciudad de La esperanza, tan cerquita de todo y tan lejana de la humanidad. Cuando la muerte pretende silenciarnos, oprimirnos el corazón, debemos reaccionar para que no gobierne la impunidad.

El gobierno hondureño, nacido del engendro despótico de un golpe de Estado, 2009, contra el Presidente Constitucional Manuel Zelaya, ha cedido el 30% de su territorio a las grandes trasnacionales mineras e hidroeléctricas, para su saqueo y voracidad. Razón por la cual Honduras se ha convertido en uno de los países más violentos, con sus cifras de muertes que se incrementan permanentemente. Trece mujeres mueren a diario, una horrorosa cifra que parece que algunos no los escandaliza. Muertes que se dan en medio de la disputa de las comunidades indígenas por defensa de la tierra y la vida. Hechos que denotan la crueldad de los tiempos que nos ha tocado vivir y morir.

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), que agrupa a más de 200 comunidades nativas, son los embanderados de la lucha ecologista iniciada por Berta, organización que creó y lideró desde sus aurorales años, como dirigente indígena de la comunidad Lenca, por eso su vida pesa en oro del sol y laureles de la historia. 

Entre aromas del campo y aves pasajeras las hijas despidieron a su madre, mientras la muerte y ambición sigue cabalgando en las tierras hondureñas. Y qué vendrá después de tanta muerte, más muerte, pues el régimen de Juan Orlando Hernández y la oligarquía hondureña no cesa en sus planes genocidas. En sus siete años de gobierno han matado periodistas, dirigentes sindicales, indígenas, militantes de movimientos sociales, ambientalistas y defensores de derechos humanos. De seguir así no dejaran ni hierbas secas en el camino.

Gobierno hondureño que ha tirado el tablero democrático y con el apoyo de los militares hace y deshace de los intereses de esa nación. Avalan a las empresas mineras e hidroeléctricas nacionales, y estas a su vez, según informes periodísticos, tienen vínculos directos con las grandes financieras internacionales, como: DESA (Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima) tienen aportes financiero del Banco Ficohsa (Financiera Comercial Hondureña S.A.), que recibió fondos del Banco Mundial (BM), la construcción del megaembalse de Agua Zarca se inició en 2010. El proyecto cuenta con el apoyo financiero del Banco Centroamericano de Inversión Económica (BCIE), y de dos instituciones financieras europeas: el Banco holandés de desarrollo, Nederlandse Financierings-Maatschappij voor Ontwikkelingslanden N.V., (FMO) y del Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (FINNFUND). También está involucrada la empresa alemana Voith Hydro Holding GmbH & Co. KG, contratada para la construcción de las turbinas.

Todo indica, según informes periodísticos, que las empresas tienen una responsabilidad en el asesinato de Berta Cáceres, pues en sus contiendas legales ella y los indígenas los hicieron retroceder en muchos casos, jurándoselas de por vida. Es decir, el Don Dinero gobierna en Honduras, un país con el mayor nivel de pobreza de Latinoamericana, según la comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), noviembre 2015. Paraíso fiscal para las trasnacionales y empresas oligárquicas.

En Latinoamérica la prensa hace escándalo por cualquier cosa, pero frente a lo que pasa en Honduras se callan. ¿Qué pasa? La racionalidad informativa linda con el silencio de la conveniencia. Sabemos que desde el norte de nuestro continente se orquestan las acciones y lobbies, y con desparpajo salen sus líderes a pasear, a bailar tango y a comer ceviche peruano, para parecerse a nosotros los indios, los latinos; pero, por más que se camuflen no nos pueden engañar, esta despensa latina ya no lo será más. El horror contemporáneo no debe pasar.  Honduras es el país más peligroso del mundo, así lo evidencia la muerte de Berta Cáceres.

La justicia se ha convertido en un ave esquiva en esta parte del mundo. Berta ya no está, fue asesinada y con ella también se está matando al planeta. Políticas como la del dictador Juan Orlando Hernández no hacen otra cosa que avalar el aniquilamiento de los ríos, lagos, la tierra y árboles. Por eso la lucha indígena es nuestra lucha. Berta murió para que entendamos ello. Que no sea en vano esa lucha, que no sea en vano esa  muerte.

 

Por: Mirian Caloretti.

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