REINA SOFÍA Y POST-REVOLUCIÓN CUBANA

Imagen de fuceta

EL MUSEO REINA SOFÍA PRESENTA UN CICLO DE CINE DOCUMENTAL CUBANO SOBRE LOS AÑOS POSTERIORES A LA REVOLUCIÓN

El Museo Reina Sofía celebra un ciclo sobre cine documental cubano que, bajo el título de Por un cine imposible. Documental y vanguardia en Cuba (1959-1972), se articula en diálogo con la exposición que celebra el Museo entorno a la retrospectiva del artista cubano Wifredo Lam. Este ciclo de cine cubano recoge un total de 36 de las más significativas piezas realizadas durante los años posteriores al triunfo de la revolución en Cuba, en que surgió una nueva generación de artistas entusiasmados por contar la actualidad de un país en convulsión. Se celebrará de jueves a sábado hasta el 9 de julio en el salón de actos del edificio Sabatini del Museo.

El Museo Reina Sofia celebra un ciclo de cine documental cubano realizado durante los 10 años posteriores al triunfo de la revolución en Cuba, un episodio de la vanguardia en América Latina poco tratado que el comisario del ciclo, el historiador de cine norteamericano, Michael Chanan, extrae de los archivos procedentes del ICAIC, el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos. Michael Chanan ha realizado una selección de los títulos que considera más significativos, creativos y vanguardistas de cuantos se hicieron en la isla en un momento clave de su historia. Son un total de 36 documentales realizados entre 1959 y 1972, agrupados bajo el título Por un cine imposible. Documental y vanguardia en Cuba.

Tras el triunfo del movimiento revolucionario, la realidad cubana cambia radicalmente y una de sus consecuencias en la escena artística de la isla, es el nacimiento de un nuevo cine en el que el documental juega un papel fundamental. La revolución desata un frenesí  de proyectos con nuevos creadores que salen a la calle entusiasmados por narrar la actualidad, desde los más diferentes estilos, técnicas  y temáticas. No había prejuicios contra la experimentación artística, sino un terreno fértil para la creación de un género en convulsión cuyo objetivo no era sino el de generar un diálogo con el público más allá de un mero entretenimiento.

De hecho el cine experimental se convierte en popular en aquellos años en Cuba, algo completamente inhabitual. El nuevo cine es a la vez escuela y espacio de investigación. No es mero reflejo de lo real sino también un laboratorio experimental. Esto implica una paradoja: es el momento en que aparecen las nuevas cámaras de 16 mm sincronizadas que favorecían la estética del cine en los países metropolitanos, pero no en Cuba en que el ICAIC está atascado en los 35 mm. No obstante los cineastas aprenden a trabajar con esas limitaciones.

Julio García Espinosa, figura de referencia de la producción cinematográfica de la época escribe un manifiesto titulado Por un cine imperfecto. Es una reflexión sobre el cine revolucionario que sostiene que “las imperfecciones de este cine de urgencia de bajo presupuesto,  generan un diálogo con el público preferible al de las grandes superproducciones que simplemente anulaban al público”.

Entre los realizadores  figuran nombres como los de Santiago Álvarez, uno de los cineastas más populares de la época quien realizó una sátira política centrada en un montaje rápido e inmediato que crearía escuela, normalmente dirigida contra el expansionismo norteamericano. Nicolás Guillén Landrián, que se aventuró en una línea más experimental con el montaje de imágenes surrealistas. Sara Gómez, destacada representante de la intelectualidad negra que se enfrentó al machismo cubano con cintas costumbristas de extraordinaria sensibilidad. Manuel Octavio Gómez, que reconstruye  la guerra de la Independencia de1868 abordándola como un reportaje contemporáneo. Manuel Herrera, que cuenta la historia de la frustrada invasión promovida por EEUU en 1961. Octavio Cortázar, que retrata la emoción que experimenta el público que por vez primera contempla el fenómeno del cine, o se adentra en las costumbres y mitos religiosos existentes en la isla con un impresionante relato de la fiesta de San Lázaro.
Como contrapunto a este cine, el programa incluye una selección de filmes realizados en Cuba por cineastas extranjeros llegados durante los primeros años de la revolución, como Joris Ivens, Chris Marker y Agnès Vard, que ruedan por decisión propia testimonios puntuales de solidaridad.

Con esta selección se busca presentar un movimiento ignorado en las historias de la vanguardia, pero clave en la transformación crítica del documental.

El ciclo, que se celebra de jueves a sábado hasta el 9 de julio en el salón de actos del edificio Sabatini, se articula en diálogo con la exposición retrospectiva que el Museo Reina Sofía dedica al artista cubano Wifredo Lam.

Fdo:  Araceli Pascual

 

 

Califica este artículo: 
No votes yet
Compartir: 

EL HISPANO en FACEBOOK