Relato de una inmigrante hispana en España

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Alto y claro, imágen de Ana Rodiguez Rojas (Venezolana).

Por: Ana Rodríguez Rojas.

Mi historia de hoy comienza dos meses atrás. Uno de esos días en los que como inmigrante tuve que hacer uno de esos innumerables trámites propios de vivir en el exterior. En esta oportunidad, la homologación de mi Maestría en Marketing cursada en una Universidad venezolana, de las pocas activas que quedan. 

Cuando estás aquí, muchos de esos paradigmas del primer mundo se desdibujan. Te das cuenta de que solo somos primos hermanos separados por unos cientos de años de conquista y colonización. 

En otros aspectos de la vida, ves como las nuevas generaciones que lo están teniendo todo, pasan de reclamar o hacer una cola, en líneas generales, de hacer valer sus derechos. Nosotros los inmigrantes, por el contrario, como venimos de un país inestable, nuestra vida es una constante lucha, lo que nos hace más o menos resolutivos.

Ese dicho que les encanta a los españoles el «ritmo latino», repetido con tanto fervor de nosotros, sus familiares sudamericanos, aquí se cumple a rajatabla. 
En mi caso, cuando después de haber consignado todos los documentos y pagado el arancel correspondiente a la homologación, me dicen que faltan unos requisitos.
Hago un ejercicio de gimnasia mental y me pregunto ¿No es más fácil revisar a priori toda la documentación y luego dar el número de cuenta para pagar la tasa asociada al trámite?.

Lo más dantesco es llamar al Ministerio de Educación de España y escuchar del otro lado de la línea telefónica a una funcionaria decir: «Señora, Usted tiene razón en su planteamiento, pero las cosas están montadas así», claro en este sistema nadie tiene dolientes, los funcionarios parecen seres inanimados carentes de vida propia, unos no te dejan ni hablar, otros te dicen que no manejan información al respecto y otros tantos hablan tan rápido que no entiendes ni la mitad de las cosas. 

Si algo sale mal es porque incumpliste un procedimiento. Y como parece que el dinero lo regalan y esto se conjuga con un poco de mala suerte, debes volver a pagar. 
Lo mismo sucede en el ámbito político ya casi produce otitis escuchar «estamos velando por los intereses de los españoles», ¿Intereses?, ¿Cuáles? En vísperas de unas terceras elecciones, producto de una investidura fallida !se habla de intereses!. Yo esto no lo había visto nunca, ni en mi país natal con todo y lo «tercermundista» como dicen en la Península Ibérica que pueda parecer. ¡Con el gasto que conlleva activar la maquinaria electoral! 

Eso sí, nuestros intereses como ciudadanos de este «primer mundo»  son la educación, la sanidad y la cultura, sin la cual estaríamos inmersos en la más completa barbarie. 
España es el país de la pandereta y muchos muy en contra de nuestros valores y principios debemos bailar al son que muchos tocan en un determinado momento, sobre todo en el ámbito económico. Eso de velar por los intereses de los demás es retórica pura y dura. 

Yo, mientras tanto seguiré tratando de resolver lo de mi Maestría, rogando que en estos mundos de Dios, me pueda cruzar con una persona sensata.

 

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