Las reglas son para todos

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Por una integración verdadera en España.

Me monto en el tren Renfe en Donostia (País Vasco-España) con dirección a Zumarraga, para bajarme en Beasain, el pueblo donde vivo, después de un miércoles de trabajo nada fuera de lo normal. Como es costumbre dentro de este tipo de transporte, un empleado pide a cada ciudadano su ticket para comprobar si es verdadero o falso. Yo estaba sentada justo en los asientos que quedan al lado de las puertas en el meridiano del vagón donde viajaba. De repente, una mujer de piel negra que hablaba en inglés y cuyo español era tarzánico, en contraposición, se puso a la par de mi asiento, en la puerta de enfrente, y le decía que no iba a pagar otra vez dado que ya había comprado un boleto y eso valía para los dos destinos a los que se dirigía. El empleado le decía que tenía que pagar, que tenía mucha cara y ella se negaba a hacerlo. 

Inciso N°1 Todos tenemos que comprar los boletos tantas veces vayamos a usar el tren, extranjeros o locales. Pasados algunos minutos, su esposo hizo acto de presencia, un hombre también de tez oscura, corpulento y más alto que el empleado. Su español en cambio era más fluido y le decía a este último que les reclamaban porque eran negros y que no pagarían de nuevo por ir a otro destino. El empleado molesto le volvió a decir que tenían que pagar y que eran unos vivos de mil pares de narices. 
Inciso N°2 nos guste o no esas son las reglas y debemos cumplirlas para que exista un equilibrio en la sociedad. Finalmente, en medio de un silencio sepulcral y de la vergüenza circundante en el vagón, decidieron bajarse en la parada siguiente. 

Esto me hace reflexionar acerca de nuestra integración como extranjeros (en mi caso venezolana), en los países que nos acogen. Somos nosotros lo que estamos llegando, tenemos que adaptarnos a los nuevos escenarios, en cuanto a leyes de extranjería, lengua, convivencia, patrones de convivencia, ayudas sociales, horarios.

¡Las reglas son para todos los extranjeros y hay que cumplirlas! aunque a veces nos parezcan injustas, hablando de este ejemplo en cuestión, sin dejar por eso nuestras raíces, claro está y por supuesto no permitiendo que en algunos casos, se vulneren nuestros Derechos Humanos, por nuestra condición de inmigrantes. 

En la medida en que seamos más reacios al cambio, la integración se nos va a convertir en la subida al monte Everest, con las consecuencias psicológicas y traumas que todo esto puede acarrear. Por ejemplo, esa sensación de que no perteneces a ningún lado, precisamente porque tu adaptación a los cambios no ha sido buena. Mientras tanto, yo seguiré limpiando las escaleras del piso del edificio donde vivo, pues es mi turno y no quiero romper las reglas de convivencia.

 

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