El Fenómeno Migratorio Persiste

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Control de viajeros en Migraciones.

Por: Kenia Navarro Gallardo (Psicóloga clínica).

El fenómeno migratorio nos sorprendía a principios del siglo XXI, persiste. Lejos de reducirse, la inmigración no deja de estar de moda en nuestro mundo globalizado y lleno de conflictos. La mayoría de los procesos migratorios son sólo un proyecto personal sino la consecuencia de un conflicto bélico, dificultades económicas o situaciones políticas.

Desde la psiquiatría y psicología clínica, numerosos autores que consideran que la emigración es un suceso vital importante puesto que lleva consigo la ruptura de las rutinas diarias y suele ir acompañada de cambios significativos en el contexto social y familiar con abandono y creación de nuevas redes sociales. No es extraño que muchos emigrantes posean durante mucho tiempo la duda de quedarse o volver al país de origen. En esta lucha interna muchos inmigrantes desisten de la experiencia, optando por un “retorno no deseado”.

¿Cuáles son las etapas psicológicas del proceso de emigración económico/social?

Los investigadores de estos temas, como Cox y Saunders, han descrito las cuatro etapas por las que transcurre la persona inmigrante cuando la causa de su proceso migratorio es económica o/y sociopolítica

  • La luna de miel.
  • La etapa depresiva.
  • La etapa de adaptación.
  • La asimilación.
    1. Etapa de “Luna de Miel” con el nuevo lugar de destino. Se inicia con la ideación de emigrar y termina en los primeros días de la llegada al destino. En esta etapa hay expectativas elevadas acerca del país y de las posibilidades que el que emigra tiene de sí mismo. Estas expectativas elevadas condicionarán en un futuro inmediato que el que emigra no evalúe con objetividad sus posibilidades reales en relación con el nuevo entorno. Aquí el grado de idealización y falta de criticidad de la nueva cultura, provoca que las expectativas humanas -lo que se espera de las amistades, del entorno- son poco reales. Además, se produce un proceso de aturdimiento pues el individuo está sometido a un exceso de información que no tiene posibilidad de procesar.
    2. Etapa Depresiva. Suele aparecer como a los 6 meses de la llegada al lugar de destino. Se trata de un tiempo de frustración ya que generalmente no se cumplen las expectativas iniciales -no se obtiene el trabajo deseado, se mantienen en situación irregular, etc.-. Así comienzan a expresarse sentimientos de pérdida, dolor por el abandono del entorno social del país de origen -amigos, familia, trabajo o estudios-. Si al llegar, se encuentran dificultades de vivienda, empleo, educación o formación, y además, se han de afrontar conflictos personales y de relación, realizando un complejo proceso de adaptación psicológica a su nuevo entorno. Cuando la decisión de emigrar ha sido inducida por otra persona o eventos externos a la decisión del individuo, se suele depositar la responsabilidad de estos primeros fracasos fuera de sí mismo. Se culpa a los demás o al país de origen como el causante de las circunstancias presentes. La persona se puede sentir despersonalizado pues no se identifica con la nueva realidad en la que está inmerso. Este cuadro depresivo puede volver a aparecer de forma recurrente en distintos periodos de la emigración. Sucede que al pasar los años esta etapa irá desapareciendo. Aunque existe casos de emigrantes que no ha podido sobrepasar dicha etapa.
    3. Etapa de Adaptación: la persona ha elaborado y asumido conscientemente las pérdidas emocionales y culturales que implica su decisión de emigrar, también ha asimilado las ganancias -enriquecimiento de su personalidad, cosmovisión del mundo, establecimiento de nuevas relaciones de arraigo con la otra cultura- de su inserción en la nueva cultura. Esta etapa llega a ser una etapa de mayores posibilidades para que el emigrante se inserte en la nueva cultura y supone haber “vencido” un largo proceso de elaboración emocional. El proceso de adaptación cultural de quien emigra es mucho más complejo cuando sus aspiraciones incluyen un reconocimiento intelectual o profesional, ya que la sociedad de acogida no siempre evalúa ni ubica de acuerdo a las capacidades, sino a través de estereotipos culturales que tenga del país del que proviene el inmigrante.
    4. Asimilación: Existe una cuarta etapa con un “alejamiento de la cultura originaria”, a la cual no todo inmigrante arriba. Consiste en negar totalmente la cultura de origen y se produce un rechazo/cuestionamiento a todo lo que proviene de ella. Esto tiene un coste psicológico para el individuo ya que produce una reducción de su individualidad y de su identidad. Esto evidentemente, puede ser una limitación para el desarrollo posterior de su personalidad y para sus descendientes. Predomina en la segunda generación.

¿Qué ha de llevarse en la maleta para hacer un “buen proceso migratorio”?

Cada inmigrante llega con un pesado equipaje. Este equipaje jugará un gran papel a la hora de ir afrontando las vicisitudes de su proyecto migratorio. Vamos a exponer aquí algunos de los elementos que ayudan a un proceso migratorio sano, consiguiendo la integración social y personal:

1.- Partir de un pensamiento constructivo: afrontar la emigración como un reto, como una oportunidad para redefinir los objetivos de la vida, reformular valores, desarrollar nuevas habilidades y hábitos, etc.

2.- Una buena dosis de tolerancia a la exclusión: hace falta aceptar el nuevo espacio social, donde la exclusión, recelo o rechazo social estarán presentes hasta que se establezcan nuevas redes sociales, vínculos afectivos y una nueva identidad social. El/la inmigrante debe realizar una importante reconstrucción de una nueva identidad social, que incluye la adquisición de nuevas competencias sociales y costumbres de la nueva sociedad de acogida, reteniendo las normas y costumbres de la propia cultura en un difícil equilibrio. La habilidad para comunicarse con los demás, compatriotas y autóctonos desempeñará un papel importante en el proceso de integración.

3.- La mejor parte de sí mismo/a: la personalidad de la persona migrada, su autoestima, sus habilidades sociales previas y su momento vital a la hora de emigrar. En muchas ocasiones se emigra en un momento de crisis vital y desolación que se lleva en la maleta al nuevo destino. La integración dependerá de la flexibilidad y la capacidad de aprendizaje de la persona migrada, así como de sus situaciones psicopatológicas preexistentes no resueltas y mantenidas en estado de latencia. Los desafíos diversos que se han de enfrentar ponen en marcha mecanismos estrategias de afrontamiento necesarias para reestablecer el equilibrio psíquico.

4.- Prestar atención a la elaboración del duelo migratorio: nadie se libra de un duelo, ya que algo queda atrás. A diferencia del duelo por la pérdida de un ser querido, en el duelo migratorio no se rompen casi nunca todo el contacto con el país de origen, la cultura, la familia, etc. La emigración involucra a diversos ámbitos de la vida de cualquier persona (amigos, trabajo, hábitos, alimentación, poder adquisitivo …). La necesidad de adaptación se produce tanto si se trata de un periodo de estudio en el extranjero, como si se trata de una búsqueda de oportunidades en otro país por tiempo indefinido. Emigrar implica pérdidas y, por tanto, conlleva su proceso de duelo. Por si fuera poco, se emigra con la ilusión de mejorar en calidad de vida, pero no siempre es así, y menos desde el principio. Sin una adecuada elaboración del duelo migratorio nos podemos encontrar con somatizaciones diversas: síntomas digestivos – como si no se pudiese “digerir” la experiencia migratoria o la nueva comida-, síntomas respiratorios- el nuevo medio “ahoga”-, síntomas circulatorios- el ambiente y sus exigencias producen “opresión” en las arterias y en el corazón, etc. También puede surgir propensión a accidentes, temores hipocondríacos, etc.

5.- Una dosis de apoyo social: contar con ayudas tanto en el país de origen como en el país receptor, facilita la integración a través de: apoyo afectivo, información, comprensión, cobertura de necesidades básicas, orientación con la documentación, etc. Conviene preparase el apoyo social desde el lugar de origen, como poco los primeros pasos para reducir la desorientación inicial y afrontar el desarraigo. Es de gran ayuda contar con el apoyo de los más allegados tanto en el lugar de origen como en el de destino.

6.- Los condicionantes de la nueva vida, es decir, los recursos económicos y el potencial profesional con el que se cuenta. No es lo mismo tener que compartir vivienda en un espacio hacinado con otros inmigrantes, que poder disponer de un “ahorro” para vivir en un lugar más reservado y cuidado. No es lo mismo “carecer de papeles” y de titulación profesional homologada que contar con documentación que autoriza a trabajar y un nutrido curricula valorado en el país destino.

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